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Darío Carmona García, secretario de Educación Pública de Puebla, fue el responsable de pronunciar el discurso en la ceremonia de Independencia 2009. Vale la pena revisar tanto la forma como el fondo del texto que leyó. La forma, la escritura, por el uso de los verbos, las comas, las negritas y las mayúsculas –para no hablar de la imposible sintaxis- constituyen un delito de lesa humanidad contra el castellano. Las letras ofendidas ya entablaron su querella ante el tribunal de la Real Academia de la Lengua Española.
Y el fofo fondo, ah, ¿el fondo?, desfondado, desfundado, desfundamentado, en un palabra: desfundillado. La primera cita es de Ricardo Flores Magón, el brillante anarquista oaxaqueño que se removerá indignado en su tumba cuando escuche que la preclara ignorancia histórica de Darío Carmona lo ubica como representante del pensamiento liberal del siglo XIX. Escribe Carmona de Flores Magón: “Con estos conceptos que dibujan al pensamiento liberal mexicano, debemos reflexionar entre todos, qué es la libertad, la justicia, la independencia, la igualdad, la soberanía y la democracia…” No Darío, no, Ricardo Flores Magón era por encima de todo un anarquista; pero, en todo caso, y como para ayudarle a tu texto, el director de Regeneración fue un libertario, pero nunca un liberal mexicano. Se trata de una diferencia ideological radical, pero ambas muy lejanas de tu trayectoria vital.
En fin, es sólo un poco de historia de México, pero a quién le importa – como me escribió irónicamente mi amigo Armando Pinto- que el secretario de educación pública de Puebla sea un insigne palurdo.
En fin, el fondo es un batidillo de ideas y tradiciones políticas incompatibles entre sí, pero, sobre todo, incompatibles y contrarias a la opresión y clima de terror que, al margen de los derechos humanos más elementales, como la dignidad, el funcionario ha sembrado en la dependencia a su cargo. Veamos ahora la forma -¿tiene alguna forma?
El primer renglón de Darío Carmona dice: “Honor y gloria a los constructores de la Patria, independiente y soberana, que concibieron en sus luchas fratricidas a hombres y mujeres comprometidos con las causas del pueblo y sus libertades.” O sea que, según la historia escrita por Darío Carmona, los constructores de la patria (siempre con mayúscula) “concibieron en sus luchas fratricidas”; es decir, los héroes idearon la matanza entre hermanos, para que hubiera “hombres y mujeres comprometidas con las causas del pueblo y sus libertades”? Los héroes de la Independencia juzgados aquí como asesinos de sus hermanos,
Si un realista de nuestro tiempo –partidario del rey de España, eso es realista Darío- hubiese escuchado a Carmona, seguro se hubiese sentido muy satisfecho de la condena oficial sobre Hidalgo, Josefa Ortíz de Domínguez, Morelos, Victoria, Guerrero y Mina en plena celebración cuasibicentenaria de la independencia.
Pero si los mismos próceres pudieran opinar sobre el discurso del secretario de educación pública de Puebla, sobre sus vocablos hipócritas, lo menos que le dirían es que es un traidor al movimiento de independencia y un criado de la tiranía y el mal gobierno. ¿Errarían acaso?
Otra garrafal pifia de la escritura del secretario de educación pública es que deja caer las comas como diminutas patas de mosca sobre la página; esto es, donde caigan, al azar, como si estuviera cortando pollo. De esa manera, el sujeto de las oraciones de Darío Carmona muere tristemente de soledad e inacción, pues las comas impiden la unión del verbo con el sujeto. Dos ejemplos de los primeros tres párrafos: “Cada uno de estos héroes, aseguraron con sus armas y principios el rumbo de la nación mexicana”, nótese como cada uno de los heroes nunca alcanzan a la acción del verbo (aseguraron) por la intromisión de la impertinente coma. Igual ocurre con: “Las cruentas batallas, vividas en la Independencia, Reforma y Revolución”, una coma separa las cruentas batallas de la acción del verbo “vividas” y así por el estilo todo el resto del aberrante escrito. ¿De qué escuela primaria salió Darío Carmona?, ¿Dónde estudió la secundaría, la prepa y la normal? Los maestros de español de esas escuelas deben estar profundamente apenados o no, quizá ,a lo mejor hasta lo felicitan y apapachan por haber llegado tan alto.
Pero si el escrito de marras es una muestra de la pésima gramática del secretario de educación publica de Puebla, su desfachatez y cinismo alcanzan la cima de lo inefable cuando anota “Por esa razón, quienes estamos en el gobierno, debemos cumplir con emoción y eficiencia nuestras responsabilidades públicas y rendir cuentas claras a la sociedad con el manejo honesto y transparente de los recursos.” Leer para no creer.
Darío Carmona, el mismo que ha impulsado una política de privatización de la educación superior, contraria al espíritu de la Constitución mexicana, el mismo que ordena hacer trampas a los profesores y alumnos de Puebla para alcanzar mejores resultados en los exámenes nacionales e internacionales –y de todas maneras es descubierto y fracasa en sus propósitos-, el que protege y propicia la corrupción de sus colaboradores, el que autoriza siempre que puede el alza de cuotas universitarias contra los estudiantes indígenas o el cierre de carreras que atienden a la población más pobre de Puebla –como el caso del delincuente que hoy dirige la UPN de Puebla, que, entre otras pillerías, jamás informa a la comunidad sobre el destino de sus ingresos-, el gris funcionario que vende a través de su tesorero clandestino, Reynaldo Gil Vélez, los Reconocimientos de Validez Oficial (REVOES) a las universidades patito, con las que además hace jugosos negocios, él, justamente Darío Carmona, nos viene a dar cátedra de honestidad y transparencia. Una costra purulenta predica la pureza del alma.
Pero la audacia de Darío Carmona se alimenta de la impunidad y bajo el supuesto de que los héroes de la independencia no pueden impedir ni vengar el ultraje de un discurso tan horrendo y mendaz, el funcionario saca el pecho – o el mercantil ombligo- para sentenciar “… no a los excesos, ni autoritarismos, si al respeto. No a las prácticas segregacionales y prepotentes, si a la tolerancia. No a las ofensas ni agravios, si a la urbanidad política. No a las trampas de la provocación mediática, menos aun de la violencia verbal. Si a la madurez, diálogo y acuerdo civilizado.” No voy a subrayar aquí la falta de auténtica convicción democrática que revelan, además de su pésima ortografía, la cadena de síes que jamás acentúa. Es un “si” flojo, sin fuerza, Es un sí que él sabe, se siente a sí mismo, impostado y falaz. Su práctica diaria le escupe a la cara.
Lo que si es verdaderamente imposible de callar es que, como quedó claro del texto de Darío Carmona, en Puebla como en México, no hace falta saber leer y escribir para triunfar –basta ser idólatras de la mugre y la mansedumbre para ascender en la pirámide política: la adoración de la costra, la opresión y la barbarie tomó por asalto la celebración de la Independencia en Puebla.
Ahora nadie lo duda, la educación pública de México descansa en buenas manos, con dedos cubiertos de ventosas e intereses compuestos
¡Viva Puebla! ¡Viva México!
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