Quede esa opinión impresa aquí en las páginas del miércoles de Milenio Diario, porque luego quizá brote algún tontín que cree que la gente debe ser unilineal y maniquea y que, por lo tanto, si el cronista no es pejista ni perredista (aunque tampoco es antipejista ni antiperredista, ni es afecto a ningún partido), debiera mirar feo a don Marcelo y desear que su candela se apagara en la vida política de la Ciudad y hasta se ausentara de la Memoria Histórica.
Pues no es así, y el cronista estaba a punto de pedir a los manes de la Política que por algún milagro (¿político?) don Marcelo continuase rigiendo la ciudad, cuando recordó que muy posiblemente será don Miguel Ángel Mancera con su aire juvenil (de estudiante un poquito adulto bajo un cabello griseante) el que venga a sentarse en la no tan pequeña silla de la regencia urbana, porque, tanto por su discurso como por los anteriores tramos de su carrera profesional, don Miguel Ángel ha demostrado tener méritos más que bastantes para gobernar, manejar, domar a esa tigre que casi seguramente se sacará en la rifa: la monstruosa pero quizá aún vivible y querible Esmógico City.