En el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) ayer se empezó a preparar un plan de resistencia, similar a la que tuvo el Sindicato Mexicano de Electricistas en el sexenio pasado, como parte de la defensa que se quiere hacer de Elba Esther Gordillo Morales. Sin embargo, para el caso de Puebla, se está muy lejos de que se pueda armar una lucha eficiente, ya que las estructuras de las secciones 51 y 23 del sindicato pasan por su peor momento de la última década y media, ya que están endebles, las encabezan dirigentes bisoños y 70 por ciento de los viejos operadores se les dejó fuera de ambas agrupaciones en septiembre del año pasado.
Esa crisis ya se había mostrado en meses anteriores cuando José Luis Barrera de la Rosa, quien es secretario general de la sección 51 del SNTE, y Emilio Salgado Néstor, secretario general del SNTE 23, tuvieron varios intentos fallidos de movilizar a los maestros contra la reciente reforma educativa que promovió el gobierno de Enrique Peña Nieto. A lo más que han podido llegar es a convocar una marcha a la que apenas llegaron 2 mil de los más de 70 mil mentores que hay en el estado, lo cual fue una respuesta pírrica.
En el caso particular de la sección 51, la situación es en extremo crítica, ya que los 19 dirigentes regionales del sindicato que tienen en el estado –que son la columna vertebral de la organización por ser quienes están más cercanos a las base– todos son nuevo en el cargo y la mayor parte de ellos se destacan porque ignoran los procedimientos básicos para lograr que los maestros atiendan las órdenes de la agrupación.
A nivel del Comité Ejecutivo seccional de la 51 la situación es muy parecida, ya que 70 por ciento de sus integrantes son dirigentes bisoños que desplazaron a experimentados operadores. Una muestra de esta condición es la siguiente:
Hace unos días José Luis Barrera de la Rosa emitió la circular 177, con la clave SG01OG/2013, en la cual le informa a todos los maestros estatales que el gobierno de Peña Nieto les va a mandar un documento para que lo firmen y respalden la reforma educativa que se hizo como parte del Pacto por México. Y en lugar de que el dirigente les pida, o les exija, a los docentes que rechacen dicha petición, ya que el sindicato está en contra, les expresó a sus representados lo siguiente:
“Lo anterior se notifica para expresarles que, siguiendo su propio criterio, y en función de los elementos y conocimientos de lo que esta Reforma Educativa implica, existe la libertad absoluta para firmarlo quien así lo desee”.
Es decir que mientras Elba Esther Gordillo recorría el país acusando que la reforma educativa de Peña Nieto era contraria a los intereses de los maestros, que se debía rechazar; el dirigente de la sección 51 no mostró carácter para exigir a sus representados repudiar dicho asunto y les da la opción, por no decir aliento, para que lo acepten.
Una situación parecida ocurre en la sección 23 del SNTE, en donde en el pasado congreso seccional se dejó fuera de la organización a valiosos operadores, como son los casos de Patricio Morán, Enrique Cruz Campos y Telésforo Américo Guerrero, que aunque sigue en el sindicato, tiene un puesto menor. Y tiempo atrás pasó lo mismo con así Moisés Soto Torres y Moisés Jiménez, estos dos últimos por el simple hecho de que no se quisieron afiliar al Partido Nueva Alianza.
Estos profesores se habían destacado por su pericia para movilizar a importantes grupos de maestros, por su capacidad de negociación con el gobierno y porque eran lo más rescatable del sindicato al no tener los vicios que caracterizan al grueso de los dirigentes del SNTE. Al ser excluidos, ahora en la sección 23 se carece de liderazgos para sumar a las bases magisteriales a favor los proyectos de la organización.
La crisis antes descrita se debe a dos factores. A que por órdenes de Elba Esther Gordillo en septiembre del año pasado se ordenó que en la renovación de las dirigencias se incorporaran a cuadros nuevos para evitar que los grupos de la disidencia fueran a ganar los comités seccionales en los congresos.
Y dos, porque el gobierno de Rafael Moreno Valle no le gusta negociar con las dirigencias locales del SNTE, ya que siempre acude a la dirección nacional, y con esa condición se decidió poner a líderes seccionales de poco peso.
Ahora que Elba Esther Gordillo Morales ha caído en desgracia, lamentará que en Puebla, el cual es un estado prioritario para el SNTE, no tenga dirigentes con la suficiente capacidad, experiencia y valentía para sumarse a los planes de defensa que están organizando los miembros de su primer círculo de confianza.
Y sobre todo, cuando en las bases del magisterio se sienten agraviadas por las acusaciones de que sus cuotas sindicales se usaron para comprar joyas, ropa, zapatos e inmuebles, además de financiar campañas electorales como la que en 2010 le dio el triunfo electoral a Moreno Valle.
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.