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En 25 años como el primer museo interactivo de ciencias en México y uno de los pioneros en América Latina, Universum Museo de las Ciencias ha visto pasar por sus salas, auditorios y espacios abiertos a varias generaciones de mexicanos que se han acercado a esta área del conocimiento de forma amena, divertida y lúdica, fascinados casi siempre por su presencia en la vida del hombre.

En su aniversario de plata, el recinto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha iniciado un proceso de renovación que incluye contenidos, nuevos conceptos científicos y uso de las tecnologías más modernas, con las cuales las ciencias son vistas, a diferencia del pasado, de manera interdisciplinaria.

Gabriela Guzzy Arredondo, directora de Universum, explica que esta renovación también comprende la creación de un patronato en el que participen entidades del sector público y privado, con el propósito de ampliar los aliados estratégicos del museo y definir los cambios. 

De cinco diamantes

Es un patronato similar al que tiene la UNAM, en el que todos los asociados que estén con nosotros van a tener voz y voto, y desde luego apoyarnos a tener los recursos necesarios para estar y hacer un museo como hoy dicen: de cinco diamantes, en el que la tecnología, la ciencia, la innovación, la interactividad y el diálogo con los visitantes sea el mejor de todos. Es decir, un museo de vanguardia, señala.

Asimismo, puso como ejemplo exitoso de patronato el del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), que ha logrado traer a México el arte de la mejor calidad a escala internacional, con múltiples muestras y exposiciones. Por eso estos 25 años no sólo terminan cronológicamente, sino para nosotros es motivo de análisis y tener claro el museo que queremos para este siglo XXI.

Fue el 12 de diciembre de 1992 cuando, recién elegido como rector de la UNAM para un segundo periodo, José Sarukhán Kermez inauguró oficialmente Universum. Desde ese entonces, por este espacio de 23 mil metros cuadrados, ubicados dentro del campus universitario, han pasado más de 18 millones de mexicanos de todas las edades, según el conteo del propio recinto.

En los primeros años del conjunto de salas, los visitantes eran niños y jóvenes en grupos de escuelas, casi siempre entre semana, mientras los sábados y domingos había menor asistencia. Hoy el número es tan grande en unos como en los otros días. Se puede observar cómo los niños que vinieron entre semana traen luego a sus papás, sus abuelos y tíos, dice sonriente la directora Guzzy en la entrada del recinto, en medio del bullicio y risas de un nutrido grupo de estudiantes de secundaria. Y remata: Aquí hay espacios donde se aprende y se juega desde los cero a cinco años, hasta los de 100 y 120 años. Quien piense que este museo es sólo para niños, está totalmente equivocado.

Tampoco duda en afirmar, con un dejo de pasión, que entre todas las cosas muy buenas que tiene la UNAM, Universum es una de las mejores. Esto es así, argumenta, porque en este recinto se conjugan de manera magistral las tres funciones esenciales de la UNAM, que son la docencia, la investigación y la divulgación científica.

Y es que desde su concepción original, allá por el final de 1979, José Sarukhán, entonces director del Instituto de Biología, junto con otros destacados investigadores, planteó la idea de crear un museo de ciencias, con el propósito de contar precisamente con un espacio para su divulgación y generar interés en todos los sectores de la sociedad por los temas científicos y tecnológicos.

Tras una suspensión de casi 10 años, el proyecto fue retomado en 1989, entonces con Sarukhán como rector de la UNAM. Aunque se visitaron museos extranjeros, se decidió hacer algo original, propio, congruente con nuestra cultura, y se optó por exposiciones temáticas, que se presentaron en lugares públicos. La primera de todas fue en 1990, en el llamado Túnel de la Ciencia, en la estación del Metro La Raza, con el tema Los motores, creadores del movimiento. Tuvo enorme éxito, al que siguieron otros más, y se diseñó lo que sería Universum.

Así, a lo largo de todo este tiempo, científicos, divulgadores, educadores, museólogos, museógrafos, diseñadores, creadores, periodistas y estudiantes de licenciatura han hecho posible decenas y decenas de muestras y exposiciones, que han sorprendido y echado a volar la imaginación de millones de visitantes.

Para Guzzi, quien desde hace mucho tiempo ha estado vinculada de manera directa al museo, hay cosas que pueden medirse, como el número de personas que han pasado por Universum en todos estos años. Pero hay otras que no, como la sorpresa y la imaginación –dice– que han servido de germen para vocaciones de futuros investigadores y científicos mexicanos.

“No lo podemos medir, pero sabemos que ahí está cuando al verlos salir escuchas a los niños decir a sus papás o maestros: ‘yo quiero estudiar a las estrellas o yo quiero saber más de los dinosaurios’”, señala la directora, quien añade que al ser pionero en el modelo de museos interactivos de ciencias, se ha repetido en varias partes del país y fuera de él.

En la actualidad, el museo está integrado por 13 salas de exposiciones permanentes, que van actualizándose de manera periódica. Entre ellas están las de energía; biología humana y salud; biodiversidad; el universo, agricultura y alimentación, y matemáticas. Otras dos áreas son para exhibiciones temporales, que han dado cabida, desde el inicio, a muestras con las que la UNAM ha compartido esfuerzos y saberes con instituciones de muchas partes del mundo.

Como maestra en ciencias, la directora presume que Universum es uno de los cinco museos en todo el continente americano –tres en Estados Unidos y uno en Canadá– que cuenta con un fragmento de roca lunar.

Para Gabriela Guzzy han sido muchas las exposiciones exitosas que ha tenido Universum a lo largo de su historia. Hoy llaman la atención temas como cambio climático, robótica, las nuevas apps y las modernas formas de comunicación. Pero revela algunos tópicos que seguramente estarán en las siguientes exposiciones. Me imagino –añade– una muestra sobre inteligencia artificial, medicina genómica, nanotecnología o fotónica, esa ciencia que sustenta la tecnología con la que operan los teléfonos inteligentes y que se basa en partículas de luz.

Pero hay un tema fundamental, que es el de la sustentabilidad, que apreciemos nuestro planeta, que toda planta, todo ser vivo y todo microorganismo son esenciales en nuestra vida y la del planeta, agrega.

Sobre el futuro inmediato de Universum, su directora se niega a decir que los mejores tiempos están por venir. Todos han sido muy buenos, pero sin duda estos 25 años son un parteaguas, un momento de reflexión para saber a dónde va este museo de las ciencias, que es de la UNAM y es de México.

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