Luego del acuerdo para convocar a un inédito plebiscito y proceso en nuestra historia republicana, hemos ido constatando cómo los actores sociales y políticos van tomando posición. A su vez, nos hemos enfrentado con la ya conocida estrategia del miedo, que pareciera ser una estrategia con una fórmula a la chilena.

La estrategia del miedo y su fórmula a la chilena, consiste básicamente es un repertorio de acción bastante conocido, pero que tiene como objetivo principal, mantener el modelo capitalista-neoliberal tal cual y por supuesto su órgano defensor, la Constitución del 80. El concepto que hoy aúna esas voces es: “Rechazar para Reformar”. Consiste en instalar la violencia como eje articulador, para eso, es principal no ver las responsabilidades políticas; tener siempre la calculadora electoral sobre la mesa. Y finalmente, desencadenar la violencia en las calles e instituciones para mantener el modelo.

La evidencia actual muestra cómo los actores conservadores y ligados directamente a la élite política y empresarial y también marcada por el pinochetismo, están empecinados en instalar la estrategia del miedo, con argumentos bastante burdos como “la presencia de la violencia no permite que se genere el proceso constituyente en paz”, “no tenemos que esperar dos años” o “no están dadas las condiciones”. Pero son estos argumento de ejemplo los que siguen provocando un escenario ideal para la violencia, ya que, en la medida que exista, ya sea en las calles o en las instituciones, tengo la certeza de que gana este modelo y esta Constitución. 

Finalmente, quien es responsable número uno de que haya seguridad en las calles, paz social y condiciones mínimas para un buen desarrollo del plebiscito y sobre todo del proceso constituyente, es y debe ser el Gobierno. Por tanto, esos sectores que instalan la estrategia del miedo, deben exigirle a su propia coalición y Gobierno que cumplan estos mínimos: cumpliendo con políticas y reformas sociales eficaces, con una policía que resguarde el orden y la paz social. Pero en ninguna de las anteriores, han sido capaces y eficaces. Para poner de ejemplo, durante el Gobierno de Bachelet 2, sin un escenario como el actual y en plena paz social, los conservadores y defensores del modelo, se opusieron rotundamente al proceso constituyente, a la reforma en educación o a la reforma tributaria.

Los promotores de la estrategia del miedo a la chilena, son consecuentes con la dictadura cívico-militar y con los amarres de Jaime Guzmán. Es una estrategia que hay que visibilizar para que quede de manifiesto su objetivo, debe ser puesta en duda, y hay enfrentarla con más política y más democracia, ya que representan trampas en el camino y un pretexto bastante burdo.

Que las posiciones se vayan clarificando es algo positivo, pese a que es un poco desalentador encontrarse con estrategias bastante poco democráticas y violentas. Les pediría que no nos cuenten el cuento, nunca han querido una Nueva Constitución. Es una actitud consecuente con su adhesión a la dictadura y su herencia.

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