Mienten. Saben que en la opinión pública se ha instalado la idea que, por primera vez, gracias al T-MEC y las reformas legales que suscitó, las elecciones en el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación, para renovar a las dirigencias en sus Secciones a lo largo del país, serán democráticas. Se afirma que todas las personas integrantes del magisterio, acreditadas, podrán votar de manera libre, directa, universal y secreta para elegir a la planilla que conducirá a la estructura sindical a la que pertenecen. Esto se estipula en el Reglamento para la Elección de las Directivas Seccionales del SNTE, que el Comité Ejecutivo Nacional ha elaborado. 

¿Será? Sí. Y aunque parezca paradójico, a pesar de este proceder, la elección de los dirigentes de las secciones no cumplirá con las condiciones necesarias para ser, en toda la extensión de la palabra, cabalmente democrática. Se trata de una maniobra: “hágase que el proceso electoral “parezca” democrático, sin serlo, de tal manera que junto a la legitimidad publicitada, podamos seguir imponiendo a leales y serviles integrantes, fieles a la dirigencia nacional, como ha sucedido antes y siempre”.

¿Cómo es posible que, si hay votación universal, directa y secreta, la elección de las dirigencias seccionales no sea democrática? A través de incumplir otras condiciones, necesarias, para que el proceso así lo sea: en primer lugar, haciendo libre el voto, pero anular esta característica al condicionar de manera absurda la posibilidad de ser votado. “Puedes votar, compañero, con toda libertad, pero sólo por las planillas que nosotros aprobemos de acuerdo a las condiciones imposibles que, sin consulta, hemos establecido”. Si a la libertad de votar no le acompaña la posibilidad de ser votado, se trata de una farsa, pues los sufragios estarán condicionados por las opciones que la autoridad considere – de manera arbitraria – legales. 

En segundo lugar, porque el órgano que conduce y vigila el proceso electivo no es independiente de los dirigentes nacionales: el árbitro no será, como dice el profesor Noel García en el excelente análisis que publicó en el portal Educación Futura, “una instancia imparcial y confiable que organice y califique la elección, (ni se llevará a cabo) con la equidad en las condiciones de competencia entre personas o planillas para ocupar cargos de representación”.   

Además, el Reglamento de marras se establece, con toda claridad, para regular procesos de elección “cuando existan circunstancias especiales”, dado que el Estatuto (superior en la jerarquía legal del sindicato) indica que los procesos de selección de dirigentes, en el nivel nacional y local, se harán  mediante el mecanismo tradicional de delegados; en consecuencia, el Reglamento Electoral en proceso de validación por el Tribunal Laboral, “debería” ser coherente con el Estatuto. ¿Qué hacer en este caso? O bien modificar el Estatuto, o emplear, como orientación superior y de manera supletoria, a la Ley Federal del Trabajo que mandata que las elecciones, en todas las organizaciones sindicales, sean democráticas con todas las condiciones que este concepto implica. 

En síntesis, si el Tribunal no repara en estas circunstancias, y aprueba el Reglamento, tendremos, bajo la fachada de una elección libre del magisterio, una mascarada: votantes “libres” de votar por quien decidan, y solo por los que decidan con triquiñuelas quienes han usurpado la democracia sindical durante décadas, en procesos en que el árbitro está más que vendido y, por ende, la competencia no es real.

Es preciso denunciar este atropello y exigir, a las autoridades laborales, que no autoricen lo que, a todas luces, es más, y más, de lo mismo. No se vale. 

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de

El Colegio de México

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@ManuelGilAnton

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