

El presente trabajo alude a una breve caracterización y situación actual de las comunidades indígenas del Estado de Tlaxcala. La discusión se guía en dos tópicos de análisis. El primer punto bosqueja grosso modo la conformación de la población indígena tlaxcalteca en su vinculación a través del tiempo con los proyectos del Estado-nacional. Y, el segundo aspecto vislumbra la problemática y las formas en que se siguen manifestando las comunidades que mantienen reminiscencias de origen étnico.
Las comunidades indígenas de Tlaxcala y la Nación.
La población indígena en nuestro país ha sido históricamente sometida las políticas instrumentadas y aplicadas por los gobiernos en turno. Los respectivos proyectos de nación; independentista, reformista liberal, revolucionario, posrevolucionario y neoliberal, deliberadamente excluyentes o relativamente incluyentes, no han considerado la heterogeneidad de la composición social y cultural del conjunto de los mexicanos (De la Peña,1986; Warman, 1998 y Wolf, 2002).
En un momento dado, el proceso revolucionario de 1910-1917 planteó en sus génesis crear un proyecto de Nación incluyente de todos los grupos de desposeídos que habitaban el territorio de la República Mexicana, lo que finalmente no se llevó ha cabo, pues en lugar de fomentar el desarrollo propio de las comunidades indígenas los gobiernos que devinieron sucesivamente aplicaron ciertas políticas de corte integracionista, que en realidad pretendían imponer un modelo de sociedad nacional mestiza (Aguayo, 1998 y De la Peña, 1986). Primero con la creación y funcionamiento del Departamento de Asuntos Indígenas y posteriormente mediante el Instituto Nacional Indigenista (INI). Este contexto integracionista tuvo vigencia hasta finales del siglo XX, de 1940 a 1980.
En esta realidad nacional se enmarca Tlaxcala, uno de los estados de la Republica Mexicana con mayor riqueza cultural que remite su existencia a un pasado étnico de múltiples manifestaciones; organizativas, espirituales y materiales, y que mantiene dicha riqueza gracias a la permanencia de diversos grupos indígenas. Sin embargo, a pesar del reconocimiento que se le dan a los discursos gubernamentales y estatales, hasta el 2005 en la entidad tlaxcalteca no había un pleno reconocimiento oficial de las comunidades indígenas, por lo tanto, tampoco se seguía una política especifica que atendiera sus problemas.
Esta situación marginal también aparece con la información imprecisa que aporta la representación del INEGI para el estado de Tlaxcala, ya que no especifica con claridad la existencia de los grupos indígenas, sino que exclusivamente dan una idea de considerar el idioma como único criterio para distinguirlos cuantitativamente del resto de la población. Con el dato apegado al idioma como elemento diferenciador, el INEGI muestra que la evolución de la población indígena va en descenso, tomando como referencia los cambios que registra de 1995 al 2005.
Así, para 1995, dicha institución registra la existencia de 26 mil 886 personas de 5 años o más, esto es 3.5% de la población total del estado. Donde considera el habla de 30 leguas indígenas, de las cuales la que más destaca es fundamentalmente el náhuatl con 24 mil 728 personas; 3.2%, además en varios municipios de Tlaxcala también se habla el totonaca, el otomí, el zapoteco y el mixteco. Geográficamente, la población hablante de lengua indígena se encuentra distribuida principalmente en los municipios de San Pablo del Monte; 35.85% ,y Contla de Juan Cuamatzi; 18.73%,en la parte centro y sur del estado, y de manera importante en Chiautempan; 6.97%, Teolocholco; 6.10%, San FanciscoTetlanohcan; 5.69%, y Mazatecochco de José Maria Morelos; 4.53%, localizándose el resto en muchos otros municipios (Censo General de Población y Vivienda 1990, Tlaxcala: 1995).
En cambio para el censo del 2005 el INEGI muestra que la población indígena de Tlaxcala se ha reducido. El corte cuantitativo hasta ese momento reconoce 26, 662 hablantes de diversas lengua indígenas, es decir; la representación es del 3.2% del total de la población tlaxcalteca, las cuales están presentes en muchas de sus comunidades y municipios. Los datos estadísticos muestran que en el 2005 permanecen las mismas lenguas que se hablaban en 1990, tal y como aparecen en el siguiente cuadro (Censo General de Población y Vivienda 2000, Tlaxcala: 2005 y Anuario Estadístico Tlaxcala: 2001).
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Lenguas en Tlaxcala |
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Población de 5 años y más que habla lengua indígena |
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Náhuatl |
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Totonaca |
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Otomí |
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Zapoteco |
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Mixteco |
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Otras lenguas indígenas en México |
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No especificado |
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Desde luego la realidad étnica en Tlaxcala no se remite a una relación cuantitativa. Estudios de diversas disciplinas sociales como la antropología y la sociología señalan que hay un mayor número de comunidades que deben considerarse indígenas y no únicamente las 7 que reconoce oficialmente el INEGI, ya que en ellas también prevalece una identidad étnica, que mantienen una estructura organizativa y una base social que se apega a los usos y costumbres particulares de su grupo y de su territorio. Muchas de las comunidades tlaxcaltecas principalmente de la región de la Malinche poseen una profunda etnicidad nahua, que distingue entre otros factores el uso extensivo en el pasado de la lengua náhuatl y en una época reciente un detrimento de ésta (Nutini y Barry L. I, 1989).Tlaxcala, geográfica y culturalmente está situado en el Valle Poblano-Tlaxcalteca (Nutini, Barry L. Isaac, 1974: 14), esta región se integra en una área mayor formada por el triángulo de las ciudades de Apizaco, Puebla y San Martín Texmelucan (Romero: 2002: 23). En la región del Valle poblano-tlaxcalteca, los habitantes de las comunidades rurales hasta finales del siglo pasado y en décadas más recientes hablaban náhuatl principalmente (Nutini, Barry L. Isaac, 1989: 400-405).
El contexto particular en el que se han desarrollado las comunidades indígenas de Tlaxcala; sobre todo en las cuatro últimos décadas, se encuentra reservado a través de la aplicación de políticas educativas indigenistas bilingües que condujeron a que muchas de ellas cayeran paulatinamente en una crisis de identidad, en el momento en que entraron en un proceso de aculturación, adoptando y aceptando un modelo de vida diferente y opuesto al de su entorno local, mientras que otras en este proceso aun se resisten a cambiar.
Por ejemplo, los proyectos educativos estatales que se pusieron en marcha en los años ochenta del siglo XX en las escuelas establecidas en las comunidades indígenas, tuvieron como propósito la prohibición del idioma propio para sustituirlo por el idioma oficial, de tal manera que el indígena que no hablase español no se le consideraba mexicano, lo cual no sólo provocó escisión interétnica sino que además generó una práctica clandestina y marginal, tanto del idioma como de otros elementos culturales. Posteriormente, como una paradoja, en la década de los noventa surgió un modelo educativo indigenista con una visión folclorista, que se interno en las comunidades a fin de fomentar la praxis de las lenguas vernáculas en los niveles de educación preescolar y primaria. Aunque hasta la fecha sigue funcionando al interior de la SEP estatal, el Departamento de Educación Indígena no ha tenido el éxito esperado.
Manifestaciones y demandas de las comunidades indígenas tlaxcaltecas.
Las expresiones de violencia en México; en comunidades y municipios rurales, han sido producto de un largo periodo de explotación y marginación permanente no sólo a las comunidades indígenas y sus ecosistemas, sino también de grandes sectores de la población especialmente campesina. La manifestación clara e inconfundible de la población indígena ha sido mediante la confrontación y el cuestionamiento al Estado, como el surgimiento del movimiento guerrillero en Chiapas en los años de 1990, cuya exposición en 1994 cuestionó el papel excluyente que durante muchos años ha venido desempeñando el Estado frente a los grupos indígenas de México.
A pesar del reconocimiento que el Estado mexicano le asignó a las comunidades indígenas al inicio de los noventas del siglo XX con la reforma salinita al artículo 4to. Constitucional; de que México es una Nación Pluriétnica[2], los indígenas han permanecido en un marco de indefensión y violación de sus derechos humanos. No obstante, los gobiernos que han venido conduciendo los destinos de nuestro país han creado y difundido mitos respecto a la forma en que manifiestan sus protestas las comunidades indígenas, desde luego esto con clara evidencia de evadir las responsabilidades y de justificar la problemática que privan sus entornos locales y regionales. Uno de estos mitos “oficiales” refiere a que los indios son violentos por naturaleza, por lo cual se les vigila cercándolos con las fuerzas armadas y otros cuerpos policíacos, obligándolos a refugiarse en espacios adversos bajo condiciones infrahumanas. Otro mito, que trata de colocarse como verdad del Estado, es que las demandas indígenas en su forma de protestan atentan contra las instituciones, transgreden el estado de derecho y ponen en riesgo la seguridad nacional y la estabilidad política de la Nación[3], cuando en realidad los indígenas del territorio nacional y en particular las comunidades del estado de Tlaxcala se encuentran desorganizadas, despolitizadas y desarmadas, sin posibilidad de ofrecer algún tipo de resistencia que pueda en verdad sitiar al Estado nacional, pues muchos de sus habitantes han migrado a los Estados Unidos.
Si se toma como parámetro la lucha en enero de 1994 y la resistencia prolongada en Chiapas, esto ha sido a consecuencia de la violación a los acuerdos establecidos en San Andrés Larrainzar. En nuestra entidad tlaxcalteca las reivindicaciones han sido de carácter político y cultural, como son los casos de San Pablo del Monte, Tetlanohcan, Tlatelulco, Ixtenco, Teacalco, entre otros más, al cuestionar en años recientes el papel del Estado mexicano y de los gobiernos federal, estatal y municipal, lo mismos que a los partidos políticos. Los primeros por haber modificado las estructuras tradicionales de sus formas de organización y de gobierno, y los segundos por no plantear alguna alternativa que las respete.
Los antecedentes de confrontación al Estado históricamente muestran las demandas de las poblaciones indígenas cuando menos en los últimos setenta años. Pero ello ha conducido a que algunos medios de prensa, radio y televisión; nacional y local, difundan el acento de etnicidad violenta cuando refieren a las comunidades campesinas e indígenas, considerándolas como “pueblos de matones” y con tradiciones tipificadas como arcaicas, señalamientos vertidos en diversas ocasiones cuando abordan notas de linchamientos, tomas de presidencias y otros conflictos políticos principalmente[4].
Por otra parte, si bien es cierto que en noviembre del 1998, a unos días del reconocimiento del triunfo de la alianza electoral PRD-PT-PVEM, hubo una manifestación en la cual se expresó un grupo armado que se autoproclamó representante de las etnias de Tlaxcala, hasta donde se pudo observar no causo efecto alguno entre los indígenas y tampoco genero expectativas. De igual manera, las consecuentes tomas de edificios que albergan las autoridades municipales no se pueden considerar como actos de barbarie, pues son medidas de presión de las comunidades ante la falta de respuestas a la solución de sus problemas.
La primera condición para restablecer la interacción cordial entre comunidades y gobierno e iniciar con ello una nueva etapa histórica del desarrollo en nuestra Nación, y fundamentalmente en la entidad tlaxcalteca, es con la participación plena de las mismas comunidades. Como en los demás estados de la República Mexicana, en Tlaxcala se ha querido resolver la deuda histórica con los indígenas y campesinos a través de los programas federales asistencialistas, que distribuyen recursos económicos y en especie (SEDESOL, PROCAMPO y OPORTUNIDADES (antes Progresa), que de ninguna manera han resuelto los problemas de fondo y en cambio han polarizado aun más las condiciones de desigualdad social.
Consideraciones generales
Por todo lo anterior, un proyecto de Nación debe empezar por reconocer el irrestricto reconocimiento del derecho a la diferencia cultural de al menos 56 etnias que habitan a lo largo y ancho del territorio nacional, que derive en una real autonomía y autogestión de las comunidades indígenas, que permita la producción y reproducción de su ser social intrínseco, y que genere, culturalmente hablando, su propia visión de futuro.
Por tanto, proponemos que la convivencia armónica de los comunidades indígenas y campesinas en Tlaxcala y todo México deben ser planteada en términos de que haya, dentro de un proyecto de Nación, un Estado que manifieste una voluntad política de reconocer la dimensión de la problemática social, económica, política y cultural de las comunidades indígenas, que de seguridad jurídica para el pleno ejercicio de sus particulares formas de organización, sin paternalismos ni concesiones gratuitas, que el desarrollo que logren sea resultado de sus propio esfuerzo.
En Tlaxcala en el año 2005 fue creada una institución, que han denominado “Departamento de los Pueblos Indígenas de Tlaxcala”, a la fecha deja ver que su existencia se debe más un compromiso político de la presente administración estatal que a la resolución de las problemáticas indígenas. Sin duda en los años que siguen, valoraremos el papel que esta institución estatal cumpla con éste sector de la población, sus esfuerzos y el impacto de su intervención será significativo para solucionar las problemáticas que aún añejan las comunidades que conservan una identidad étnica en este estado de la Republica Mexicana.
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[1] Alumno del Doctorado del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Profesor de tiempo parcial del CIISDER-MAR/UAT.
[2]En México existe un reconocimiento jurídico del Derecho Consuetudinario, los usos y costumbres están garantizados en el artículo 4to. Constitucional, en el capitulo I de las garantías individuales, en el cual se reconoce “la ley protegerá y promoverá el desarrollo de las lenguas, culturas, usos y costumbres, recursos y formas específicas de organización social de los pueblos indígenas” (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Artículo 4to., capítulo de las garantías individuales, México, edición de 1999: 4 y 5).
[3] La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce y garantiza los llamados usos y costumbres de los pueblos tradicionales, al mismo tiempo que da a estos un estatuto legal. Pero la ley prohíbe que las personas se hagan justicia por propia mano, de ahí que considerar a los linchamientos como usos y costumbres es desconocer la ley y el origen mismo de los linchamientos. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1999: 13), en el título 1, capitulo I de las Garantías Individuales, artículo 17 se establece que “Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho”.
[4]Véase, Rodríguez Sánchez J., “El sistema de cargos y la transformación sociocultural de San Francisco Tetlanohcan, Tlaxcala. Tesis de licenciatura, 2000. Información de trabajo de campo de 1998 al 2004. Síntesis de Tlaxcala. Estalla violencia postelectoral. Publicado el Jueves, Noviembre 18, 2004 - 01:59 AM GMT. Queman 17 urnas en La Magdalena Tlaltelulco y San Francisco Tetlanohcan Protestan por los resultados obtenidos y exigen nuevas elecciones municipales.