Artículos
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| Domingo, 14 Abril 2013
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| Roberto Alejandro Campos Campos
Antecedentes
El pasado mes de agosto concluí los trabajos de Año Sabático. Laboré en campo y en sus zonas de trabajo con el personal capacitador y actualizador docente adscrito a las Oficinas de Proyectos Académicos (OPA) de las 5 Direcciones de Educación Primaria en el Distrito Federal y con parte del personal que labora en el Centro de Actualización del Magisterio DF (CAMDF). El objetivo central fue elaborar un procedimiento o modelo de investigación que pudiera coadyuvar en las tareas profesionales que se desarrollan en el CAMDF. Modelo que será publicado próximamente.
Como estrategias e instrumentos de trabajo se aplicaron encuestas, entrevistas abiertas, cerradas, cara a cara, reuniones con equipos de capacitadotes, observación y descripción, revisión de sus archivos, sistemas de seguimiento y evaluación, y el registro de metodologías de actualización y capacitación docente que, como estrategias propias, ha creado cada oficina de proyectos en educación básica.
Trabajamos con todos los proyectos que desarrollan y aplican a los docentes las OPA en las escuelas, sin embargo, uno en especial llamó mi atención por sus objetivos, vigencia, alcances y fundamentos. Me refiero al Proyecto “Promoción Cultural y Equidad”
Cito aquí parte del análisis y conclusiones que en este tenor obtuve del trabajo de campo realizado con los compañeros actualizadores y capacitadotes del Distrito Federal:
“La experiencia que vivimos consistió en que “partimos de cero” al abrir este proyecto. Los espacios que debemos cubrir son los siguientes:
a) Incursionar en todos los centros escolares para detectar la presencia de alumnos emigrantes o hijos de emigrantes del interior de la República Mexicana y con este trabajo detectamos sectores completos a donde asisten a las escuelas población infantil indígena. Entendemos por niño indígena no a aquellos niños que hablan una lengua indígena, sino que son hijos de indígenas que hablen alguna lengua diferente al español y por tanto, culturalmente de influencia indígena. Descubrimos que muchos niños tienen la indicación, de parte de sus padres el no comunicarse en lengua indígena, otros, que no hablan su lengua, si entienden a sus padres, pero que incluso si se les lanza la pegunta de su pertenencia a algún grupo indígena, tanto padres como alumnos lo niegan, principalmente por temor, pues consideran que podrían ser expulsados de la escuela y finalmente excluidos de los beneficios del sistema educativo nacional.
b) Interrogamos al respecto a diferentes grupos de docentes bajo una sección muestra y notamos que el profesorado en general se niega a reconocer que existan en sus grupos niños indígenas o “diferentes”. Esto, nos causó inquietud y malestar, porque incluso, los directores de algunas primarias eran los que más negaban que en sus escuelas estuvieran asistiendo niños indígenas. Incluso algunos llegaron a ofenderse con esta posibilidad. El caso más radical de esto, se presentó con un director de habla mazahua, y debimos tener un gran número de reuniones con él hasta que nos lo hizo saber y justificó su situación porque el mismo medio escolar califica al indígena o hablante de alguna lengua indígena como ignorante o persona inferior.
c) El siguiente paso fue consultar al docente respecto a su actitud hacia este grupo de alumnos, y pudimos darnos cuenta que los chicos indígenas se automarginan, bien para no ser descubiertos, o también porque quedan fuera de los marcos socio-culturales de la escolaridad y los sistemas de relaciones sociales que se configuran en las comunidades escolares.
d) Con esta base, estamos diseñando los objetivos del proyecto que son, a) Que no quede marginado el niño indígena y “diferente” ni de la vida escolar ni del aprovechamiento educativo en los salones de clase y b) Abrir en los docentes su postura para aceptar la presencia de “niños con diferencias de cualquier tipo” en sus salones de clase y poner una atención especial a los mismos.
e) Actualmente se realizan visitas a las escuelas para llevar una especie de monitoreo con los grupos de “niños diferentes” detectados y entrevistarnos con docentes e incluso, en algunos casos, con los mismos niños.
f) En la Dirección No. 1 tenemos 46 escuelas a las que asisten niños indígenas. 369 son niñas y 357 son barones, por tanto, se trata de una población considerable, y por ello decidimos abrir este proyecto que fue sustentado ante la Coordinación Sectorial. No obstante este proyecto ya estaba incluido en las propuestas de dicha Coordinación Sectorial. También este el proyecto está supervisado por la Dirección Intercultural Bilingüe, la cual nos proporciona materiales para trabajar dentro de las escuelas. Estos materiales, que en realidad son manuales breves de procedimientos, centran su atención sobre todo en las ceremonias cívicas y se atiende la letra del Himno Nacional Mexicano, lo cual es relevante pero, insuficiente.
Con esta base es que hemos echando a andar nuestro proyecto Educación Intercultural y hasta ahora lo hemos sostenido, en gran parte gracias a los procedimientos de investigación que empleamos. Para los demás proyectos en realidad corresponde a nosotros la labor operativa del proceso y más bien quedamos supeditados a tareas de este tipo.
Ahora, la investigación, en nuestro caso particular podría aplicarse pero sólo en temas muy específicos porque, de acuerdo a la experiencia que hemos acumulado con el trabajo frente a docentes, las problemáticas son muchas y muy variadas, de tal suerte que se requeriría del concurso de especialistas sobre las diferentes áreas o sectores que necesiten este tipo de trabajo. Es decir, la investigación debería ser apoyada por especialistas y si las circunstancias educativas la demandan.
Esta cuestión nos lleva a pensar sobre nuestra propia formación como capacitadotes y actualizadores técnicos de educación básica en el Distrito Federal. Al respecto, debemos destacar que en las Escuelas de Calidad, cuentan con el presupuesto requerido para contratar asesorías especializadas que éstas juzguen convenientes. Y sin embargo, no las llevan a cabo, por falta de responsabilidad y compromiso o por falta de conocimiento o de tiempo, o por lo que sea, pero no se destinan estos recursos para ese fin.
Por nuestra parte, este departamento no cuenta con una partida presupuestal para satisfacer esta demanda, por tanto no tenemos acceso a estas asesorías que mucha falta nos hacen, sobre todo para actualizarnos y atender adecuadamente esta realidad”.
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Problemática
Esta circunstancia o problemática es compartida por las cinco Oficinas de Proyectos Académicos de todas las direcciones de Educación Primaria en el DF y también por los compañeros de las diferentes Áreas y Proyectos Académicos que laboran en el CAM DF, pues hecha una revisión de los cursos que en esta última institución se imparten sobre las temáticas de exclusión, diferencia, desigualdad, identidad, etnicidad, otredad, etcétera, encontramos cursos destinados a la transmisión de materiales y temáticas referentes a “Los derechos de los niños”; “El cuidado psicológico de los niños”; “El maltrato de los niños”; “La sexualidad infantil”; “El Arte y la Ciencia para los niños”, etcétera.
Observo que en estas instituciones, las funciones académicas actualizadoras y capacitadoras, ponen la atención en los niños como objeto de desinformación, de mal tratos, de un medio hostil, de abuso sexual, de drogadicción, situación de calle, disfunción familiar, etnicidad, pornografía, etcétera.
Ello, me ha llevado a la necesidad de preguntarme sobre ¿qué tanto los docentes mismos podemos ser portadores de “prejuicios” que influyan nuestros propios procesos de enseñanza y aprendizaje, y, por tanto ser, al mismo tiempo, reproductores de conductas y valores que transmitan contenidos, -a través de nuestras actitudes, rutinas, visiones, valoraciones, etcétera-, discriminatorios y excluyentes?
Considero que una de las formas de acercarnos a esta problemática es advirtiendo que los docentes estamos inmersos en una determinada realidad sociocultural, en el juego indiscriminado y muy costoso de fuerzas políticas, en las transmisiones televisivas que todos los días pretenden significarnos la vida, la salud, la belleza y nuestros fines como humanidad con referentes mercadotécnicos y publicitarios, en el solapamiento de políticas educativas excluyentes hacia los indígenas, los de piel morena, los pobres, los marginados, los homosexuales, los portadores de VIH, “los violentos”, los testigos de Jehová, las personas minusválidas, los que protestan o los que callan…
Debemos reconocer que la discriminación siempre se ejerce desde un poder, ya sea desde el gobierno federal o en la familia, en la belleza, en la salud o en la sexualidad y género o en el salón de clases, porque se considera a la diferencia como un estado pernicioso e irregular de la mismicidad que atenta contra su estándar, contra su orden y visión, y posición en la escala, y por tanto, debe ser modificado o reducido. Pienso que nuestro sistema educativo se sustenta en gran parte dentro de estas perspectivas, y que la base de este orden operativo, sin duda, somos los docentes. De aquí nace mi principal inquietud.
Creo también que esta circunstancia encierra a los docentes y a su responsabilidad en una posición singular porque mientras éste educa, el medio, la familia, la televisión, las malas compañías, los deseducan. Esto es, los profesores deben saberse manejar profesionalmente dentro de este vaivén entre juicios, prejuicios, valores, sentidos y significados inmersos y actuantes dentro la realidad sociocultural en donde todos estamos inmersos y jugamos algún papel, incluyendo, por supuesto a los educandos como responsabilidad profesional y académica de los docentes.
Ello representa una enorme responsabilidad porque, si atendemos el problema en un sentido teleológico, nos damos cuenta que las sociedades están precisando de conformar y consolidar teorías y mecanismos operativos y conceptuales que les permitan convivir en la diferencia y con la diversidad de un modo más humano y más justo.
Semiótica y discriminación cultural
Hemos revisado, como parte de nuestro análisis posturas más bien semióticas y evolucionistas que señalan a la discriminación como parte inherente de la naturaleza humana. Advierten que incluso en edad muy temprana se manifiesta esta actitud en los jardines de niños, por ejemplo. Indican que desde los primeros meses de vida los niños asimilan informaciones, mensajes y valoraciones. Como ejemplo describen que si se envuelven dos zanahorias, o cualquier producto comestible, una con plástico impreso de Mc Donalds y otra con alguna publicidad diferente, la respuesta de la gran mayoría de los niños indicó que es más suculenta y por tanto “mejor”, la envuelta en la propaganda de Mc Donalds, y es, con esta misma lógica, que los mensajes se vuelven indicadores, valores y patrones de juicios en los chicos, aún de muy corta edad, y por tanto, se convertirán en los referentes directos para juzgar sus vivencias, amistades, alimentación y entorno social. Son por tanto, la imagen y el mensaje las condensaciones de sentido y semántica que priorizan o crean certezas y a la vez pertenencias, mayorías y consensos, y por tanto, surgen la exclusión, la diferencia, y la desigualdad tanto en niños, jóvenes o adultos.
En esta línea de análisis reflexionemos el papel de la docencia en nuestras escuelas de educación básica en general, incluidas por supuesto aquellas instituciones que ejercen su docencia valiéndose primordialmente de la imagen en monitores o pantallas y donde el mensaje y la imagen juegan un papel sustantivo.
Saber que los docentes no sólo viven de lo que enseñan sino que también viven en lo que enseñan.
No podemos sustraernos de nuestra propia constitucionalidad cultural y valórica al transmitir conocimientos o bien al diseñar ambientes de aprendizaje para la construcción de conocimientos socializados y socializadores, implica advertir que una de sus grandes responsabilidades es tener la capacidad de reconocer como objeto propio la diferencia, lo desigual lo marginado o excluido. Ello significa que los docentes deberán contar con los elementos que les permitan romper con sus propios atavismos, costumbres y hábitos discriminadores que históricamente se han conformado en nuestras conciencias colectivas y que hoy por hoy son motivo de revisión y cambios pero que muchas veces, por ser parte de nuestro sentido de pertenencia, y por tanto de nuestro ambiente social y emocional no vemos, o no reconocemos.
La definición sociosemiótica de cultura como el estudio de los procesos de producción, circulación y consumo de la significación en la vida social de los sujetos es muy útil para el análisis de la vida escolar haciendo énfasis en la producción y reproducción de valores, juicios y prejuicios que atraviesan la labor de enseñanza y de aprendizaje, los contenidos programáticos, y las cargas valóricas que en términos de discriminación se presentan y reproducen. Así, como docentes, tenemos que aprender a valernos de las múltiples definiciones de discriminación dadas por las humanidades y las ciencias sociales y las conceptualizaciones hechas por los mercados, los gobiernos y los movimientos sociales.
El mercado de los valores
En la naturaleza de la competencia entre mercados, por ejemplo, la circulación vertiginosa, impactante y global de significación simbólica promueve valores y estándares de vida determinados estableciendo prototipos, gustos, necesidades, deseos, y aunado a ello, discriminación y exclusión que se transnacionalizan en muy poco tiempo afectando a las ya de por si endebles sociedades nacionales y economías locales. La política económica de competencia es la anulación del otro, del rival, de lo diferente, de lo alternativo.
Esta tesis justifica sus principios al advertir que lo más importante para las sociedades contemporáneas globalizadoras es la creación de consensos (mercados de consumo) en las sociedades globalizadas, lo cual se logra mediante mensajes cinematográficos, televisivos, radiofónicos y estrategias publicitarias, y una vez alcanzada esta etapa, se abre la antesala a su legitimidad y con ello, grandes grupos de individuos, estados nacionales, tradiciones culturales y culturas tradicionales, pueden quedar deslegitimados, fuera del sistema de los nuevos valores, en los no lugares, sin sentido, inclusive para grandes sectores de la misma población que ahora son jóvenes telcel o chicas simplemente palacio. Me parece que este hecho atraviesa particularmente al sector educativo en sus fines y objetivos, en sus metas y procedimientos.
Los profesores, no obstante nuestra formación profesional, quedamos también expuestos ante esta realidad empresarial comercial y globalizadora.
Ahora bien, la problemática de la discriminación, también está contemplada en nuestra legislatura donde se plantean medidas alternativas en términos del deber ser, de la moralidad, del bien y del mal o lo correcto y lo incorrecto, lo ético, y estas leyes son, en la mayoría de los casos correctivas en búsqueda de una mejor convivencia. Sin embargo, en nuestro país, el 16 % de ciudadanos manifiesta haber tenido algún conflicto por sus ideas políticas; el 15 % por practicar algún tipo de religión; el 14.6% expresa haber sido discriminado por su nivel socioeconómico.
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Lo anterior significa que en nuestros lazos sociales de convivencia están inmersos los actos discriminatorios y los juicios o prejuicios y valores que ello conlleva, y que muy posiblemente no baste con modificar nuestras currículas en educación básica agregando una materia destinada a los escolares tratando la problemática de la Educación Cívica y Ética porque estamos, también, frente a una realidad de Estado junto con sus tres poderes cuyo ejercicio deberá ser el principal promotor de modificar estos lazos sociales discriminatorios mediante la promulgación de Leyes, en primer lugar preventivas y en segundo lugar, legítimamente socioculturales y educativas.
No es sólo su responsabilidad, esto es claro, pero siendo los docentes los principales actores educativos debemos generar ingerencia hacia nuestras instancias correspondientes hacia la mejora de los decretos oficiales en los servicios educativos que ofrecemos a nuestros alumnos y hacia la comunidad nacional.
Con cierta frecuencia escuchamos conceptos tales como los Estados posmodernos o los Estados regulados empresarialmente o Estados neoliberales o bien totalitarios. No obstante esta diversidad de conceptos y de tendencias, tenemos la necesidad de un Estado nuestro, propio, y regulador de las expresiones sociales de igualdades y diferencias, de competencias simétricas y no monopólicas, de regular la convivencia entre desiguales, diferentes y plurales.
Entre lo público y lo publicado, entre lo público y lo privado, entre el cuerpo social y el individuo. Atender la diversidad es una tarea de todos, ya lo sabemos, pero cuando nos referimos al Estado y su propuesta educativa, debemos participar para fomentar y abrir las bases para que en la cultura escolar se advierta el reconocimiento de estos problemas que no son menores y atenderlos profesionalmente desde la enseñanza y a través del aprendizaje con sentido o significativo.
Nos deben proporcionar a los docentes una formación intelectual para lograr el manejo de una concepción teórica y conductual que nos proporcione la visión y las herramientas básicas para atender esta necesidad social y que muy rápidamente está invadiendo nuestro tejido social, sobre todo, en aquella población que es más vulnerable, me refiero a la niñez y a la juventud.
Actualmente son cuantiosas las manifestaciones de carácter social y político que se presentan a la ciudadanía, todas referidas a casos de discriminación y que indican un sentido de trastorno de identidades nacionales, étnicas, económicas y políticas, principalmente. Los casos entre chiítas y sunitas en un país sitiado e invadido por los Estados Unidos; la oposición pakistaní y sunita respecto a las medidas oficialistas de agresión a la diferencia; la migración morisca a los barrios españoles y el trato deshumanizado que reciben, incluso televisado; los movimientos de población haitiana hacia Estados Unidos y República Dominicana; la migración hacia Costa Rica de nicaragüenses; la migración de pueblos de Bangladesh por catástrofes naturales y la pobreza; la esclavitud de los niños en la India, las redes internacionales de pornografía infantil, la trata de personas. La Coalición pro Defensa del Migrante, Coalición Nacional Pro Derechos Humanos, organizaciones religiosas, organizaciones de familiares y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, reportan que el número de mexicanos que han perdido la vida en su intento por cruzar la frontera con los Estados Unidos es superior a 400 cada año. Más de un mexicano muere cada día en promedio.
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En el campo del estudio de la cultura se interpretan estos hechos mundializados como verdaderas fusiones de identidades causando modificaciones planetarias a los contornos en los que nos sabíamos reconocer y tratar. Nuestra realidad cultural no sólo es testigo de estos impactos culturales, sino que además los vive e indirectamente o directamente también le afectan modificando juicios y valores, estándares y hábitos, creencias y consumos. El papel de la Iglesia, del Ejército, de los medios, del Estado institucional y de la ciudadanía se está transformando.
Los proyectos educativos y el profesorado, estamos inmersos en esta encrucijada de migraciones simbólicas y culturales, o dicho más claramente, en esta suerte de con-fusiones culturales y políticas, y que, para muchos expertos en economía, se deben principalmente a la búsqueda del abaratamiento en los costos de producción en aras de vencer a la competencia, o a la diferencia o al rival o al peligro.
La discriminación en los individuos
Ahora bien, si consideramos a la diferencia como un problema en la ontología del ser, deberemos advertir que se trata de un hecho que no se resolverá nunca porque impacta directamente en la vida emocional de los sujetos, discriminando (como autoafirmación) o siendo discriminado (como segregación), pero siempre la diferencia y los sentimientos están en juego. Por ello son recurrentemente manipulables los valores de identidad, exclusión y pertenencia.
Estamos ante una geometría de significados históricos y socioculurales que se expresan en sentimientos y actitudes personales y colectivas. Ante la carga del valor semiótico de los prejuicios, los sentimientos son los más vulnerables y por ende su repercusión en los comportamientos individuales, grupales o sociales que se manifiestan en forma de agresión y de rechazo como producto o causa de la discriminación. La violencia, en sus múltiples expresiones es la última etapa ante la discriminación.
Mientras las personas que discriminan afirman e imponen su código y confirman sus fronteras, como necesidad identitaria, individual o de grupo, por su parte, las personas discriminadas viven una agresión hacia aquello que les identifica y proporciona sentido de pertenencia pero en cuanto a sus límites, por tanto, la agresión por segregación, exclusión o discriminación afectan sustancialmente a la vida subjetiva de los sujetos, las huellas de estos registros llegan a ser decisivas en la vida emocional y conductal de los individuos e incluso de las sociedades en su conjunto.
Nos encontramos ante un reto que envuelve y quizás trasciende a la educación básica tal como hoy la reconocemos y nos había significado certezas.
Sugerencias
Considerando que el ambiente social nacional, estatal y local están cada vez más cargados en su tejido y estructura educativa de influencias que fomentan la discriminación, será preciso hacer este reconocimiento dentro de las escuelas, pero no curricularmente o evaluatoriamente u oficialmente, sino estableciendo linimientos de fomento a una convivencia escolar distinta, sin discriminación, para lo cual será necesaria la participación de las sociedades de padres de familia y comunitaria, jefes de sector y personal directivo, directores de esuela, docentes y alumnos para que, desde su especificidad escolar (nivel socioeconómico, cultural, grados de delincuencia, dsifuncionalidad familiar, etcétera,) se organicen en la detección de la discriminación que se genera en los distintos niveles que organizan y orientan la realidad escolar particular, incluyendo la normatividad y los sistemas de evaluación.
Una vez realizada esta tarea, deberán enfocarse a la búsqueda de cursos y recursos de capacitación y actualización del magisterio, carrera magisterial, becas para la especialización en estas áreas a los docentes, encuentros con especialistas, abrir convocatorias a encuentros con otras instituciones educativas; de esta forma se podrán procesar con mayor grado de pertinencia las circunstancias a modificarse y a la conformación de posibles alternativas, después deberán buscarse los mecanismos más adecuados para construir la justificación, lo mejor argumenta posible, de los cambios que se propongan y de esta manera consolidar las medidas y acciones a tomarse y en dónde, todos los sectores de la comunidad escolar estarán involucrados. Es muy posible que en estas nuevas alternativas encontremos algunas que no concuerdan con las ya establecidas y que venían dictando y supervisando hasta ahora la realidad escolar, pero es apremiante dar alguna respuesta efectiva y concreta a la problemática que enfrentan las escuelas y que hoy nos reúne en este evento: la discriminación escolar. Establecidos los nuevos lineamientos y pautas de convivencia escolar, se propone que se establezcan los mecanismos de la instrumentación del seguimiento a profundidad, tanto cuantitativos como cualitativos, tanto grupales, colectivos e individuales y que efectivamente se constituyan como un detector eficiente de los rendimientos de estos cambios y así, de esta manera tener un control colectivo y conscientemente fundado de las decisiones tomadas y aplicadas.
De esta manera, la vida consuetudinaria escolar, los reglamentos que la rigen y la vida laboral y académica de los docentes y los escolares, podrían gradualmente, pero con fundamentos propios y operativamente sustentados, modificar la problemática que les envuelve y atosiga respecto a la discriminación que se genera en el ambiente escolar en una primera instancia, pero quizás después también familiar y local.
La posible promoción en las escuelas de una alternativa de este tipo es el evitar, a toda costa, que se presente a los docentes como una responsabilidad obligatoria más por sobre los cientos de responsabilidades que enfrentan día con día, y de todo tipo.
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Más bien, se trata que los principales indicadores para los cambios en la convivencia escolar surjan de la realidad laboral cotidiana de los protagonistas con sus problemas, con sus aspiraciones y demandas, de esta manera podríamos contar con una base epistemológica coherente e instrumental que atendiera: entendiendo, interiorizando conscientemente la comunidad escolar, los problemas de la diferencia y de la desigualdad, valorando en su justa dimensión la necesidad de participar también, fuera de las escuelas atendiendo con conductas, hábitos y buenas razones el lastre de la exclusión y la discriminación, como hijo, como hermano, como amigo, como mexicano.
[1] Entrevistas realizadas con los equipos de actualizadores y capacitadotes de los Proyectos OPA de las cinco direcciones de educación primaria del DF y CAMDF entre los meses marzo y julio, 2007.
[2] Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México. Consejo Nacional para prevenir la Discriminación y Secretaría de Desarrollo Social. Mayo, 2005.
[3] La Jornada. Demanda ombudsman poner fin a la violencia de la Patrulla Fronteriza. P. 16. Lunes 26 de Noviembre, 2007.
[4] En diferentes instituciones escolares los docentes consideran que la función de la Dirección del plantel cumple más bien las funciones de un Ministerio Público.