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Migración en el norte del estado de México. Región Mazahua

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El asunto migratorio global y, en particular, la migración desde México a los Estados Unidos, ha cobrado una importancia reciente para un número significativo de analistas e instituciones en prácticamente todo el mundo, entre otras cosas, por su considerable relevancia material: “El movimiento de personas es una fuerza económica con un poder que sobrepasa potencialmente el del movimiento de productos o capital...”. (Novelo, 2004) Podemos afirmar que, buena parte de la complejización que enfrenta el tratamiento de dicho movimiento, especialmente visible en el tránsito de mexicanos hacia el país vecino del norte, se encuentra en el carácter unilateral de su gestión, por parte del país anfitrión, muy a pesar de los esfuerzos realizados por el actual gobierno de México para arribar a un acuerdo migratorio binacional, con lo que se pretendía abandonar la duradera “política de no tener política”,

Pese a atraer la atención de muchos y muy notables académicos, el fenómeno migratorio,  aun carece de la fuerza del análisis multi e interdisciplinario que requiere; los diversos enfoques económicos, por ejemplo, están visiblemente sesgados, ya por los empeños equilibristas, ya por los voluntarismos materialistas, sin conformar –todavía- un cuerpo teórico con eficacia explicativa y comprensiva del amplio espectro de variables, no sólo económicas, que impulsan a la migración.

Las promesas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que aún no se cumplen y que ofrecían un crecimiento de la economía, la productividad y el empleo en México que, de acuerdo con la hipótesis de Convergencia, superarían a los de los dos socios comerciales y, se preveía, frenarían al flujo migratorio sur-norte, simplemente no han hecho acto de aparición en los más de diez años de operación de ese instrumento, de manera que el movimiento migratorio se ha incrementado exponencialmente; el producto mexicano ha crecido muy poco, sin que su distribución haya progresado sustancialmente, y la recurrencia del ciclo económico, de cuño nacional o importado, es totalmente visible, arrojando el triple efecto del desempleo, el subempleo y el empleo precario.

En los últimos diez años y de manera más precisa, en los años posteriores a la crisis financiera de 1994, los flujos migratorios provenientes de México ampliaron sus márgenes hasta el centro del territorio nacional si se toma en cuenta que desde principios del siglo XX, esos flujos se habían limitado a los estados norteños del país y en los años cincuenta aquellos habían tomado como receptáculo principal la ciudad de México.

Sin embargo en los últimos años este fenómeno social ha tenido su manifestación más amplia en el Estado de México, el cual se contaba uno de los estados con un desarrollo industrial que le distinguía como uno de los estados atractores de migración de otros estados, y de otros municipios hacia su capital Toluca.

Podemos decir que el tema de la migración mazahua es relativamente nuevo en cuanto a la migración de orden internacional pues Lourdes Arizpe, e Ivone Szazs han estudiado el fenómeno en los años 60 y 70 enfocado a estos movimientos hacia la Ciudad de México. Sin otro ánimo que el de enriquecer los contenidos de la investigación sobre el tema, que por otra parte, reviste gran actualidad, diremos a favor de esta investigación, que la migración mazahua que se realiza en estos días, hacia Estados Unidos, y sus repercusiones en los procesos de interculturalidad son aún insospechadas para la mirada del investigador social.

El tema se plantea un estudio complementrario de la investigación social que se ha referido más al enfoque económico y demográfico, dejando un nicho para la investigación desde una perspectiva cualitativa que permita a los actores de este fenómeno narrar y construir su particular percepción y discurso sobre cómo se experimenta y vive el fenómeno migratorio, en el ámbito familiar y en su relación con la comunidad, así como sus efectos sociales en la comunidad y cómo ha sido el comportamiento social en la constitución de redes en el lugar de destino y uso de rutas migratorias que la migración mazahua reciente ha constituido en los últimos 10 años que tiene la migración internacional.

La región mazahua del norte del Estado de México, comprende los municipios de San Felipe del Progreso, Temascalcingo, Atlacomulco, Ixtlahuaca y San José del Rincón, con una población aproximada a 500 mil habitantes y alrededor de 80 000 hablantes de la lengua mazahua.

 

Esta etnia es una de las más antiguas de la región, con una presencia cuantificable, similar a la de los otomís quienes se encuentran también en regiones aledañas del municipio de San Felipe del Progreso, además del Estado de Hidalgo y Querétaro.

Aunque es poco reconocido por la propia comunidad mazahua; desde la consolidación y fortalecimiento del régimen priísta en el gobierno del Estado de México, este grupo indígena fue y ha sido, el beneficiario de amplios programas sociales contra la pobreza sin que, a su vez se haya podido resolver esta. Sobre las causas de la prevalencia de esta situación, estudios antropológicos y sociológicos de la región revelan que los cacicazgos políticos y culturales de las comunidades se hallan mediatizados por las relaciones comunidad-poder político desde hace varias décadas, destacándose que las mayordomías han sido estructuras culturales de este grupo, sobre las cuales se ha sostenido un fuerte andamiaje político. Este andamiaje ha permitido que la presencia de la oposición sea muy incipiente y que en estos municipios de alta composición indígena campesina continúe en la administración municipal el partido Revolucionario Institucional.

La organización social de los mazahuas se distingue por tener fuertes vínculos con el PRI a través de sus jefes de comunidad que hasta la fecha han estado representados por un hombre, considerado personaje distinguido de la comunidad. Las mujeres mazahuas pese a su rol económico y cultural dentro de la comunidad no tienen ni han tenido cargos de importancia dentro de sus comunidades, y aún hoy, tiempo en que sus hombres se encuentran fuera, como migrantes, en cuyo caso, son los hijos con poder de decisión quienes toman el rol principal o en su defecto, hermanos o padre del hombre migrante.

Estas asimetrías culturales dentro de la organización familiar también tienen consecuencias en el desarrollo. Una cuantiosa mano de obra femenina no se encuentra cuantificada ni reconocida, subvalorada y desestimada en cuanto a su aporte a la economía familiar como de la región. En nuestra investigación hemos encontrado que las mujeres mazahuas recurrieron de manera más intensa a la confección y venta de bordados con el propósito de mejorar las condiciones de vida de sus familias. Ellas mismas comentan que antes, cuando no bordaban tanto como ahora, y la venta era a través de instancias gubernamentales como los municipios, sus hijos tenían muchos problemas de salud. Existe una conciencia en el colectivo de las mujeres mazahuas de que su trabajo ha servido para proporcionarles medicamentos, pagar médicos, permitirles moverse hacia el mejoramiento de medidas higiénicas con la construcción de letrinas y la introducción de tomas de agua.

Sin embargo, las condiciones de marginación de los hombres tienen, en consecuencia, una mayor marginación de las mujeres; sobre todo como en el caso de las mujeres mazahuas cuando a ellas no se les permite el liderazgo de proyectos productivos y donde se encuentran sometidas a las decisiones de la pareja.

El desarrollo industrial de Atlacomulco en los 20 años de su establecimiento como polo de desarrollo no trajo a la comunidad mazahua ningún cambio cualitativo en cuanto a la calidad de vida de sus comunidades. La situación de pobreza ha sido el continuum de las comunidades mazahuas que se encuentran en esta región. Prueba de ello es el intermitente flujo de migrantes hacia la ciudad de México en los años ochenta y ahora, hacia Estados Unidos.

La depauperación de la agricultura desde la erosión del suelo, la cual se encuentra muy visible en toda la región nos habla de una explotación intensiva del suelo sin medidas de sustentabilidad debidas también a indiferencia, ignorancia tanto del gobierno como de las poblaciones depauperadas de la región. Por otra parte, la explotación de la mano de obra mazahua siempre se ha hecho a través de los empleos y trabajos más descalificados. No obstante creemos que la inserción de proyectos como las universidades interculturales tiene un impacto directo en las ambiciones de los jóvenes para insertarse en el mercado global. No obstante, como se observa actualmente la educación universitaria no se encuentra en el horizonte de los jóvenes mazahuas que siguen ambicionando emigrar al Norte.

Ello tiene que ver con que las redes sociales en el país del Norte han ido creciendo y la migración pendular tiene cada vez más integrantes y usuarios hacia ese destino, donde se han ampliado las rutas de destino hacia estados que años atrás no tenían popularidad entre los migrantes como escenarios de empleo. Actualmente, según decires de los propios migrantes que hemos entrevistado en el municipio de San Felipe del Progreso, los antes populares, Texas, California y New Mexico se han cambiado por Alabama, Oklahoma y las Virginias. Esto es una muestra fehaciente de la contradicción en que cae el gobierno norteamericano en la aplicación de su política migratoria, al negar visa de trabajo, pero admitir trabajadores ilegales para no pagar impuestos y mantener los salarios por hora en su nivel más bajo, haciendo trabajos pesados y hasta riesgosos que ningún ciudadano legal norteamericano aceptaría.

 

Por otra parte, la migración mazahua continúa siendo mayoritariamente masculina y las edades oscilan entre jóvenes que apenas alcanzada la mayoría de edad (18 años), acompañan al jefe de familia en su aventura hacia el norte. Le nombro aventura pues ninguno de los entrevistados ha partido con visa en mano para llegar a la frontera. Asimismo, la migración internacional tiene un tinte genérico predominante de los jefes de familia y jóvenes varones sobre el género femenino.

Esta característica ha dejado amplias comunidades mazahuas con pocos varones y la tierra al cuidado de la mujer e hijos. Las jóvenes mazahuas han tomado la alternativa de estudiar lo que es notable por el porcentaje de un 70 % de mujeres que asisten a la Universidad Intercultural. En el mismo tenor de estos datos cabe mencionar que al estar el padre o hermanos en el extranjero también eso se traduce una mayor solvencia para asistir y solventar los gastos que genera la educación superior.

La ferocidad del capitalismo ha emergido con sus grandes fauces para engullir toda la mano de obra  barata posible que no encuentra colocación en sus países de origen. La esperanza de un cambio sustancial en la política laboral de México que se pensaba plausible en la transición que comenzó en el año 2000 no ha encontrado repercusión favorable en los últimos meses, muy por el contrario cada día aumenta el flujo migratorio por falta de empleo.

El niño que se queda al amparo de la madre, después de que el padre ha partido, a veces acompañado por los hermanos mayores queda con la responsabilidad de ayudar a la madre en los quehaceres y actividades que normalmente realiza toda la familia, sobre todo en el campo.

Es notable presenciar que hay un cambio a tres años de haberse establecido la Universidad en el municipio de San Felipe del Progreso en cuanto a expectativas hacia el futuro se refiere. Si al principio de la carrera, los jóvenes no se pensaron estudiando un postgrado es posible percibir que la cifra de aspirantes que anhelan hacerlo al término de su carrera ha aumentado.

Resulta entonces, crucial que los jóvenes tengan mayores referentes del mundo global para el cual deberán estar preparados para enfrentar sus retos, tanto en preparación sobre la información del mundo actual como del mundo ancestral que pretenden preservar.