Donald Trump queda exonerado de la investigación sobre la trama rusa

Los legisladores republicanos del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes anunciaron este lunes que han completado su investigación y que no han encontrado pruebas de coordinación entre la campaña electoral de Donald Trump y la injerencia rusa en la antesala de las presidenciales de 2016. Los conservadores quieren dar carpetazo a la polémica que acecha al presidente estadounidense en un momento en que el fiscal especial al cargo de la trama rusa, Robert Mueller, ha ampliado precisamente el foco de sus pesquisas y sopesa si llamar a declarar al mandatario. El Comité Inteligencia del Senado también investiga la intromisión de Moscú. 

El representante Michael Conaway, que supervisa la investigación de la Cámara de Representantes, anunció que los miembros republicanos del comité ya han finalizado un borrador de su informe final. Pero el proceso, que supone un espaldarazo para Trump, corre el riesgo de ser percibido con un tinte claramente partidista porque los miembros demócratas del panel no han visto el documento y ambos partidos se han enfrentado ferozmente en la investigación. Adam Schiff, el máximo representante demócrata en el comité, aseguró en febrero que él había visto “evidencia amplia” de coordinación entre Trump y Rusia.

Tras un año de investigación, que ha incluido 70 entrevistas a testigos y la revisión de más de 300.000 páginas de documentos, los republicanos concluyen que personas rusas llevaron a cabo “medidas activas” contra el proceso electoral en 2016 pero rechazan la principal conclusión de los servicios de inteligencia estadounidenses: que la injerencia, mediante el robo de documentos y la difusión de propaganda, tenía como objetivo que Trump ganara los comicios. “No estamos de acuerdo con la narrativa de que estaban tratando de ayudar a Trump”, dijo Conaway a la prensa en el Capitolio. Y agregó: “No hemos encontrado ninguna evidencia de colusión”.

Es la misma línea argumental que utiliza Trump, que admite tímidamente la injerencia rusa pero niega cualquier coordinación con los esfuerzos de Moscú y asegura ser objeto de una “caza de brujas” en la investigación. El Gobierno ruso, por su parte, niega cualquier intromisión en la campaña electoral de 2016, considerada en EE UU como un profundo golpe al orgullo de la primera potencia mundial.

El congresista Conaway admitió que han hallado situaciones de “mal juicio, reuniones inapropiadas y juicio inapropiado en celebrar reuniones”, pero aseguró con ironía que solo un escritor de espionaje podría hallar una conexión más amplia detrás de esos encuentros.

Por ejemplo, durante la campaña miembros del equipo de Trump, incluido su hijo Don y su yerno Jared Kushner (que ahora trabaja de asesor en la Casa Blanca), se reunieron en la Torre Trump en Nueva York con una abogada rusa que ofrecía información comprometedora sobre la candidata demócrata Hillary Clinton. Kushner y otros altos cargos de la campaña también mantuvieron reuniones con el embajador ruso que solo se conocieron cuando las destapó la prensa.

La rapidez con la que el Comité ha llegado a su conclusión es sorprendente si se tiene en cuenta que el fiscal especial, designado por el Departamento de Justicia, ha imputado por ahora a cuatro personas que integraron la campaña de Trump y a 13 personas rusas, a las que acusa de llevar a cabo una sofisticada estrategia de difusión de propaganda para atizar divisiones entre estadounidenses y favorecer a Trump. Además, en las últimas semanas Mueller ha empezado a indagar también en las finanzas personales del mandatario y en si Kushner puede ser objeto de chantaje de países extranjeros.

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