Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) están nuevamente en Ciudad de México, como en otras ocasiones recorren calles y avenidas, se acercan, a veces con mucho trabajo y forcejeando con cuerpos policiacos, a las oficinas públicas, las secretarías de Gobernación o de Educación Pública (SEP) para reiterar sus requerimientos. Sin duda, causan molestias a quienes transitan a pie o en auto, pero principalmente a estos últimos que no pueden avanzar rápido en las ya de por sí atestadas vías capitalinas.

Pedro Miguel, cuando llegaron los maestros, mandó un mensaje por las redes sociales pidiéndonos paciencia y solidaridad; nosotros perdemos algunos minutos al no poder llegar rápidamente adonde vamos, pero es justo pensar también en que si estos ciudadanos de otras entidades, están aquí, en la capital del país, no de vacaciones, haciendo un esfuerzo nada cómodo ni suave para hacerse presentes y ser escuchados, lo menos que podemos hacer es oír sus reclamos, tratar de entenderles y atenderlos. Me sumo a la solicitud de Pedro Miguel y a mi vez, a pesar de la época electoral en la que estamos y sus problemas que tanto nos preocupan y ocupan, sugiero que tengamos como sociedad, pueblo y autoridades, un rasgo de entendimiento con los visitantes y tratemos de escucharlos y entender las razones por las que están aquí.

Los medios, en su mayoría voceros dóciles de las opiniones oficiales, nuevamente se encargan, a veces abiertamente, a veces en forma soslayada, de condenarlos como personas que abandonan su trabajo y su deber con los escolares a su cargo y vienen a alborotar y causar problemas a quienes no tenemos nada que ver con ellos; la verdad es que todos los mexicanos deberíamos estar enterados del debate teórico y de la lucha política que los maestros están dando ahora, otra vez, porque no han sido atendidos, en cuanto a la reforma educativa, que el gobierno que está por concluir trata de imponerles, por las buenas o por las malas y sin escuchar sus razones y dando largas y evasivas.

Una información inicial, que todos deberíamos escuchar, lo mismo quienes se molestan y los que no, es que los expertos en materias de didáctica y pedagogía han opinado en favor de los puntos de vista de los manifestantes; recuerdo sólo unos cuantos, Manuel Gil Antón, Raquel Sosa Elízaga, Manuel Pérez Rocha, Hugo Aboites, Antonia Candela, Teresa Garduño, Alberto Arnaut, pero muchos más, que hablan y escriben señalando las graves fallas teóricas y prácticas de la reforma, sin que hayan encontrado espacios y foros para un debate serio y objetivo.

Los medios exageran las molestias que las marchas y plantones acarrean, pero cierran sus espacios a quienes plantean el fondo de la discrepancia. Entre tantas cosas complicadas en este país, está el tema de los medios de comunicación; no pueden servir únicamente para publicidad o pa­ra ser los encargados de defender o atacar a quienes participan en la vida pública del país. Los medios de comunicación tienen mucho poder y es necesario acotarlo, es indispensable garantizar la imparcialidad y la objetividad y, por tanto, el derecho de réplica, la oportunidad para que los debates que se dan en programas y noticiarios se conduzcan con buena fe, dispuestos siempre a difundir los distintos puntos de vista en cada tema y no sólo los de quienes dan las consignas.

Los maestros de la CNTE nos piden que debemos recordar que en el artículo tercero constitucional modificado o más bien deformado, por las llamadas reformas estructurales, aún conserva los principios y lineamientos que son la esencia de este precepto; la educación como responsabilidad del Estado y que la que imparta, en cualquiera de sus grados y modalidades debe ser gratuita.

Esa disposición constitucional es una de las banderas de los maestros. Exigen que el presupuesto de la SEP se destine a cubrir los gastos de las escuelas, salarios justos para los docentes y espacios y materiales adecuados para el proceso educativo; con razón, como muchos otros ciudadanos, critican el dispendio en publicidad de la SEP que se hizo público hace un par de semanas.

Defienden también la estabilidad ­laboral, el derecho que tienen a la seguridad social, atención médica y medicinas y principalmente, certeza de que al final de su vida útil, contarán con un ingreso para su vejez.

Muy mal que los medios de comunicación oficialistas, especialmente algunos conductores de programas de radio y televisión, satanicen las exigencias de los docentes e inviten a un verdadero linchamiento social en su contra, muy mal que los cubran de epítetos y descalificaciones. Es necesario, por ética y por respeto a la dignidad de las personas, en este caso de maestras y maestros luchadores por la educación, que sean escuchados y con objetividad se den a conocer los motivos que los orillan al activismo del que tienen que echar mano para defender su causa.

 

Ciudad de México, 8 de junio de 2018.

 

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