El pasado 19 de abril algunos medios publicaron un mensaje del subcomandante Galeano que probablemente fue compartido por muchas otras personas: el capital va por todo, no va a permitir Lulas, por reformista o lo que sea, no lo va a permitir, ni Dilmas, ni Kirchner, ni Correas, ni Evos, ni López Obrador, ni cualquier cosa que ofrezca un respiro. Si Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hubiera tenido un número de votos ganador normal, la premonición del subcomandante posiblemente se habría hecho realidad.

El primero de julio más de 30 millones de mexicanos pensaron, sintieron, desearon e hicieron lo mismo, y con todo ello crearon un anhelo inconmensurable. Con seguridad el número de mexicanos que comparte ese anhelo es mayor a 30 millones. No es AMLO por sí solo quien satisfará tantos anhelos, aunque sí ocurrirá por su procesamiento y determinación. Es preciso por eso que todos los anhelos populares se mantengan como demandas, al tiempo que el mayor número posible de mexicanos participe aportando ideas acerca de cómo aterrizarlas en cada paraje de la geografía mexicana. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tiene, obviamente, el derecho de mantener su orientación después del tsunami electoral, pero su concurso sería muy valioso en el presente actual, en relación con la vida de las comunidades y pueblos originarios.

Miles de jóvenes, y no tan jóvenes, fueron llevados por la desesperación o por la ambición, a hacer de su vida un desgarro, y a hacer lo mismo con la vida de muchos otros, aunque son los demás quienes quieren para sus vidas seguridad, orden y derechos, que se vuelvan hechos.

Es imposible satisfacer esos anhelos de larga data, sin cabalgar y solventar contradicciones: las propias de una sociedad compleja como la mexicana, en el medio de una economía mundial gestionada por el neoliberalismo. Atender y gestionar contradicciones significa hacerlo con demandas sociales y económicas antagónicas que reclaman síntesis políticas, acuerdos de la misma índole, compromisos entre la diversidad de los intereses, invitación a los actores políticos a favorecer posturas más amplias que sus propios intereses legítimos. Ese es el desafío mayor: alcanzar esas síntesis y acuerdos, que en el pasado siempre se resolvieron en favor de los de arriba.

De modo que el camino por andar no es el establecido, tampoco el del pasado, referido contra AMLO por los defensores del statu quo. No es el del nacionalismo revolucionario, que poco tiene que ver con el presente. No es el gatopardismo, como parecen creer al menos algunos empresarios e intelectuales. No es el neoliberalismo con sus brutales desigualdades y fracasos. Es el de un ideario nuevo, que puede echar mano de buenas ideas del pasado, útiles para iluminar el presente, pero que debe atender al análisis de los datos y de las demandas sociales concretos, vivos. Ese ideario, por necesidad debe ser multidimensional. Hoy no puede ser reinventada la historia de pe a pa, hoy una transformación radical avanza pianissimo: es el ritmo de Morena.

Tecnologías para construir la sociedad digital con los seres humanos al centro de las decisiones, e instituciones para la inserción de los excluidos. Defensa política del territorio en una dimensión, y mediante políticas ambientales y de desarrollo sustentable para defender la vida en todas sus formas y la gran biodiversidad mexicana, en otra dimensión. Políticas para optimar la integración de la economía y aumentar la productividad de las empresas, y para optimar también el emparejamiento de la cancha de todos. Todo ello demanda el diseño y el debate continuos y creativos.

Atender óptimamente a los del flanco izquierdo y a los del derecho, o a los que están arriba o están abajo. AMLO lo ha expresado en lenguaje más popular diciendo: como digo una cosa, digo otra. Es a lo que nos hemos referido como cabalgar contradicciones y generar acuerdos síntesis políticos. Emparejar la cancha, es atender las necesidades de alimentación, de vestido, de techo, de educación y de salud de los excluidos. Así se sientan las bases, además, para cubrir el déficit de ciudadanía.

Si la sociedad funciona de modo que sólo genera bienes y satisfactores para menos de la mitad de la población, sin más vueltas la sociedad funciona sobre bases erróneas e injustas. Para los nuevos liberales, esa sociedad surge naturalmente de las capacidades de cada uno de los individuos, que pueden darse a sí mismos vida plena.

Las grandes mayorías dijeron ¡no! a esa sociedad. Los liberales, si de veras son demócratas, tendrán que aceptar el desiderátum abrumadoramente mayoritario que ha dicho, sin utilizar estas palabras, el liberalismo es una propuesta de organización de la sociedad, que no queremos. Queremos una nueva propuesta que sea incluyente. No creemos en las proezas de los robinsones individuales. Aún Robinson llevaba en la faltriquera las ideas de cómo se hacen las cosas que le proporcionó la sociedad que lo formó. Lo individual debe terminar ahí donde se convierte en obstáculo para el desarrollo de todos.

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