En México, ninguna película producida en el país o en el extranjero puede ser distribuida, comercializada o exhibida públicamente sin previa autorización o sin la clasificación de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), perteneciente a la Secretaría de Gobernación. Las autorizaciones y clasificaciones son de orden federal.

De acuerdo con el reglamento de la Ley Federal de Cinematografía, una vez hecha la solicitud y presentados todos los documentos, para su análisis “las películas se proyectan en el lugar que determina la Dirección General; la exhibición se hace ante el personal que la Dirección designa y este personal rinde un informe escrito con sus opiniones y su propuesta de clasificación”. ¿Quién es ese “personal”? ¿Cuáles son sus credenciales para realizar estas tareas? No se sabe. En Colombia el comité de clasificación de películas está integrado por un padre de familia, una psicóloga, un abogado y un experto en cine. En México, por los lacónicos juicios que se rescatan en la página de RTC me temo lo peor. Pongo un ejemplo: Esta semana se estrena la película Detroit. El personal designado de la Dirección la clasificó como B15 –esto es, no recomendada para menores de 15 años– y entre las “consideraciones de clasificación” resaltan: “Escenas de violencia constantes, desnudo femenino en un contexto no erótico y uso de lenguaje altisonante”.

Siempre me ha parecido que esa constante preocupación por las buenas costumbres y la moral de la que hacen gala las autoridades oscila entre la inocencia y la hipocresía. La Ley Federal de Radio y Televisión también vela por ellas al señalar que “quedan prohibidas todas las transmisiones que causen la corrupción del lenguaje y las contrarias a las buenas costumbres, ya sea mediante expresiones maliciosas, palabras o imágenes procaces, frases y escenas de doble sentido, apología de la violencia o del crimen; se prohíbe, también, todo aquello que sea denigrante u ofensivo para el culto cívico de los héroes y para las creencias religiosas, o discriminatorio de las razas; queda asimismo prohibido el empleo de recursos de baja comicidad y sonidos ofensivos” ¿A qué se refieren con “baja comicidad”? y ¡¿exactamente qué es un sonido ofensivo?!

Pero esta obsesión por las buenas costumbres me tomó por sorpresa la semana pasada, cuando, según yo, intentaba ayudar a mi madre a corregir su CURP. La CURP, se sabe, incluye la primera letra del apellido paterno y la siguiente primera vocal del mismo, la primera letra del apellido materno y la primera letra del nombre. En la CURP de mi madre en lugar de la primera vocal aparecía una “X”. Pues bien, después de un par de llamadas al registro civil y un incrédulo doble chequeo en internet descubrí que no había error alguno, que la “X” había sido intencionalmente colocada porque las cuatro letras originales formaban una expresión alfabética que resultaba en ¡"una palabra inconveniente"! Así fue como di con el Instructivo normativo para la asignación de la clave única de registro de población y este catálogo de palabras inconvenientes:

Tranquiliza saber que hay alguien velando por  las buenas costumbres y las CURP decentes y pudorosas.

 

  • Cynthia Ramírez
  • Es politóloga y periodista.
Read 83 times
Login to post comments
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…