De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE), los debates electorales son los actos públicos en los que quienes aspiran a un mismo cargo de elección popular exponen y confrontan sus propuestas, planteamientos y plataformas. El mismo consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, ha dicho que los debates deben ser “eventos clave para que la ciudadanía se informe sobre las propuestas de los candidatos a la Presidencia, que contribuyan al ejercicio del derecho a la información y coadyuven a la reflexión previa a la emisión de su voto”, y son tan importantes y vitales para la democracia que el INE los prohibió durante la intercampaña (del 12 de febrero al 29 de marzo). En este link puede leerse la versión estenográfica de la discusión que tuvieron los consejeros del INE al respecto. La nuez de la disputa: La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (artículo 218) dice que los debates están contemplados en la legislación como una actividad propia de la campaña y “la intercampaña es aquello que no es campaña” (¡duh!); luego entonces, con 9 votos a favor y 2 en contra, quedan prohibidos los “debates entre candidatos”.1 

La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión acudió al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para impugnar la decisión del INE argumentando que: 

  1. El INE no tiene facultades para restringir debates ni la libertad de expresión de los comunicadores de radiodifusión en México.
  2. Los directivos de INE habían dado su aval para debates/mesas de diálogo en intercampañas; ahora el Consejo General toma una posición contraria.
  3. El efecto censor de esta medida inhibe el debate público en todos los niveles de elecciones: presidencial, senadores, diputados, gobernadores y alcaldes.
  4. Anunciar un cambio de reglas, ya iniciado el periodo de intercampaña, deja en riesgo jurídico a comunicadores que han realizado mesas de debate en distintos lugares del país. 
  5. Para la CIRT los debates deben ser libres y sin límites a la libertad de expresión. Nadie debe tener el monopolio de los debates. 

El PRI también impugnó la decisión y promovió ante el TEPJF un juicio para la protección de los derechos político-electorales del ciudadano (el ciudadano Meade, es un decir) y un recurso de apelación. TV Azteca hizo lo propio al considerar que las restricciones aprobadas “violentan la libertad de expresión y el derecho a la información”. 

Mi pregunta es: ¿por qué no estamos impugnando todos, como ciudadanos, esta prohibición? ¿No habíamos dicho que eran capitales? ¿No que el poder de las ideas democráticas radicaba en su vinculación al debate público? ¿Cuántas veces hemos citado en vano aquello que decía Amartya Sen sobre que “la fuerza y el alcance de las elecciones dependen en gran medida de la posibilidad del debate público abierto”, para que ahora con dos o tres debates, bastante encorsetados, nos demos por satisfechos? 

Creo sinceramente que los debates electorales son vitales, pero no porque considere que cambian las reglas (y el resultado) de una elección2, ni porque sean un mecanismo para legitimarlas, sino porque si no solo no los prohibimos, más bien los ampliamos, practicamos y liberamos, a través de ellos podremos llegar eventualmente a eso que John Rawls llamó “el ejercicio de la razón pública”. 

Así como una “una golondrina no hace verano”, dos debates presidenciales no son sinónimo de democracia. Tenemos que aprender, y enseñarle a nuestros políticos, a perderle el miedo a los debates, pues son la única manera que tenemos para mejorar nuestra democracia.  

 

1. Pueden asistir a mesas redondas donde estén otras personas que no sean candidatos y discutir temas diversos.
2. Diversos estudios han demostrado que los debates presidenciales ocurren ya bien entrada la campaña, cuando los votantes ya han decidido por quién votar. Además, estos debates suelen atraer a los espectadores que tienen un interés permanente en la política y que tienen una identidad política bastante definida, de modo que, en lugar de que los debates incidan sobre su voto, es su voto ya decidido el que incide en su percepción sobre quién ganó el debate.

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